“ Y adviertan aquí los que son muy activos, que piensan ceñir el mundo con sus predicaciones y obras exteriores, que mucho más provecho harían a la iglesia y mucho más agradarían a Dios, si gastase siquiera la mitad de este tiempo en estarse con Dios en oración. Cierto, entonces harían más y con menos trabajo, y con una hora que con mil, mereciéndolo su oración y habiendo cobrado fuerzas espirituales en ella, porque de otra manera todo es martillar y hacer poco más que nada y aún a veces nada, y aún a veces daño: porque Dios os libre que se comience a envanecer la tal alma, que, aunque más parezca que hace algo por de fuera, en sustancia no será nada; porque cierto que las obras buenas no se pueden hacer sino en virtud de Dios. ¡Oh, cuánto se pudiera escribir aquí de esto! ; mas no es de este lugar. Esto lo he dicho para dar a entender esta canción; porque en ella responde el alma por sí a los que impugnan este santo ocio de ella y quieren que todo sea obrar, que luzca e hinche el ojo por de fuera, no entendiendo ellos la vena y la raíz oculta de donde nace el agua y se hace todo fruto”.
San Juan de la Cruz
El alma de todo apostolado – Jean Baptiste Chautard

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