El escandaloso hace exactamente lo contrario de lo que hizo Jesucristo. Él vino a salvara los pecadores, a darnos ejemplo sublime de todas las virtudes: “Pasó por el mundo haciendo bien y sanando a todos los oprimidos por el diablo”. Vino a salvar lo que el escandaloso hace perecer, el escandaloso pisotea y esteriliza la Sangre de Jesucristo. Pone espanto en el alma considerar la gravedad inconmensurable e este crimen.
Un mal consejo, una seducción, un empujón brutal hacia el pecado… Y aquella alma, hasta entonces inocente y que había discurrido por los caminos del bien, entre por un nuevo carril que acaso ya no abandonará jamás.

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