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| Imagen de la primera guerra mundial. |
Las almas de los justos están en la mano de Dios y no llegará a ellas el tormento de la muerte eterna. A los ojos de los insensatos pareció que morían, y su muerte pareció como una desgracia, y como un aniquilamiento su partida de entre nosotros; más ellos reposan en paz. Y si delante de los hombres padecieron tormentos, su esperanza ha sido coronada con la inmortalidad. Su tribulación ha sido aliviada y su galardón será grande; porque Dios los probó y hallólos dignos de sí.
Libro de la Sabiduría
(Sap III, 1-8)

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